En 1934 deja Concepción y parte rumbo a Iquique, en el norte de Chile, donde se reincorpora a sus estudios de secundaria. Dos años más tarde comienza a colaborar en “El Tarapacá”, periódico que transforma en tribuna para sus poemas y ensayos. Ese mismo año, regresa a Concepción y funda la revista “Letras” en el Liceo de Hombres de esa ciudad.
Estudia Derecho en la Universidad de Chile, carrera que decide abandonar en el segundo año para inscribirse en el Instituto Pedagógico de la misma universidad. Con una gran vocación creativa se incorpora en 1938 al grupo surrealista chileno Mandrágora y participa activamente del quehacer literario nacional de la llamada Generación del ’38. Paralelamente, como una manera de financiar sus estudios, trabaja como inspector del Instituto Barros Arana